Te miro
con la única cara que tengo:
la del idiota (lúcido)
que cayó
porque quiso.
Me miras.
Te recompones.
Te acuerdas del mundo,
de la postura,
de ese papel que ensayas tan bien
(Casi a salvo).
Pero antes:
(lo vi, no finjas)
ese microsegundo
en el que bajas la guardia,
ese error hermoso
que no le regalas
a nadie más.
Ahí,
en la comisura de tus labios
descubro la verdad incómoda:
sí, yo caí en tus hechizos
como caen los necios
(y los valientes).
Pero hay algo de ti
(pequeño,
insolente,
irrepetible)
Eso no es inocencia.
Es tentación mal disimulada.
Y no,
no es romance,
ni promesa,
ni futuro.
Es peor.
Es saber
que hay una parte de ti
que ya me pertenece:
Eso.
Ese gesto exacto.
Es sólo mío.
por: Miguel Quintero
Twitter: Owiruame
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