Eres un incendio.
No eres metáfora.
Eres fuego
(sin advertencia ni aviso).
Fuego (que devora) sin piedad:
me derrites en un instante
o me tienes pegado a la brasa,
sudando, temblando, deseando más.
Aquí no se quedan los tibios.
Los cobardes miran (de lejos)
y luego inventan moralejas.
A veces acoges algo frágil,
como un cervatillo
(no por ternura)
pero sólo para devorarlo
mejor después.
Te han dibujado mil veces
(a veces sin errores):
fuego, desastre, promesa…
entienden que arrasas
y consumes
mientras alumbras.
A mí me templas.
Me raspas lo correcto.
Me quemas.
No quiero salir ileso.
Quiero arder sin redención,
(sin discurso).
No quiero salvarme.
Quiero hundirme,
quiero que me atraviesen tus llamas,
que me despojes de todo.
Quiero fenecer
(o arder)
dentro de lo único
que nunca prometió salvarme...
Y sin embargo, lo has hecho
(incluso de mí).
por: Miguel Quintero
Twitter: Owiruame
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