miércoles, 18 de febrero de 2026

Calíope

No te llamas Calíope

(y sin embargo lo eres).


No bajas del Olimpo

ni traes túnica impoluta,

llegas despeinada,

(con los labios manchados de café)

y la mirada llena de preguntas

que me desacomodan las ideas.


Cuando me miras

las palabras se arrodillan

(no ante una diosa,

ante tus caderas).


Yo, que escribo por disciplina

(y por oficio),

por no morirme de silencio,

te escribo a ti con hambre.


Hambre de esa risa

que se mete debajo de mi camisa

y me araña el pecho.

Hambre de esa forma

indecente (tuya),

de sostener una idea

y de desdibujar mis rayas.


No me dictas versos:

me los arrebatas (suavemente).

Eres carne que piensa,

pensamiento que arde.


Porque tú no inspiras poemas.

Tú provocas que me los arranque.



Twitter: Owiruame

martes, 17 de febrero de 2026

...

Hay una mujer que sostiene mi nombre
como si no pesara
(como si no supiera todo lo que arrastra).
Me mira sin asombro,
con esa calma de quien ha visto el truco
y aun así decide quedarse a ver el espectáculo.

Hay otra (o quizá la misma)
que me pregunta cosas que nadie pregunta.
No exige respuestas: exige presencia.
Se acerca con curiosidad real
(y una ternura que no presume).
Cuando sonríe, algo en mí
abandona la teoría
y recuerda que estar vivo no es sólo "estar".

Yo no digo nombre(s).
Digo: hay una voz que me conoce
cuando me quito el personaje
(y otra que me inventa uno nuevo).
Digo: hay una forma de tocarme
que no necesita manos.
Y digo, sobre todo,
que si este poema parece tuyo
no te equivocas.


Twitter: Owiruame

sábado, 7 de febrero de 2026

siete

Suena La flaca  (no es nostalgia, es contexto).
Discuto con mi vecino sobre un concepto del diccionebrio  mientras me llama millennial honorario (con mis 52 de esta semana).

En la recámara, mi amor ve una serie romántica que insistía en compartir (y me gustaba la idea, la protagonista, pero el ritmo no). 
─ ¿Por qué los millennials odian los finales felices?─ pregunta mi reina de espadas. No es odio... (pienso) es alergia a la simpleza, a las historias fáciles. La vida es una herida abierta que deja de sangrar cuando morimos.
 
Una foto de la magia encarnada me llega a los mensajes directos (me encanta) y un par de reels enviados por mi crush de los sábados aparecen dejando ese rastro inútil de migajas que nadie sigue pero nadie borra.
 
Escribo desde el comedor.  La vida es buena, con matices... pero sería mejor con ella aquí, dos vodkas encima y más historia.

Maldito Fireball:  qué bien sabe (y qué adulto me he vuelto cuidando el azúcar).



Twitter: Owiruame