Te escucho, narrando la vida con la emoción de quien va descubriendo que nada estaba escrito del todo.
Nombras lo cotidiano como si fuera un hallazgo (y lo es).
Mientras hablas, el mundo se deja contar, yo asiento, medio incrédulo, medio rendido, sabiendo que no aprendo nada nuevo, sólo recuerdo cómo se vive cuando alguien ama la vida.