miércoles, 18 de febrero de 2026

Calíope

No te llamas Calíope

(y sin embargo lo eres).


No bajas del Olimpo

ni traes túnica impoluta,

llegas despeinada,

(con los labios manchados de café)

y la mirada llena de preguntas

que me desacomodan las ideas.


Cuando me miras

las palabras se arrodillan

(no ante una diosa,

ante tus caderas).


Yo, que escribo por disciplina

(y por oficio),

por no morirme de silencio,

te escribo a ti con hambre.


Hambre de esa risa

que se mete debajo de mi camisa

y me araña el pecho.

Hambre de esa forma

indecente (tuya),

de sostener una idea

y de desdibujar mis rayas.


No me dictas versos:

me los arrebatas (suavemente).

Eres carne que piensa,

pensamiento que arde.


Porque tú no inspiras poemas.

Tú provocas que me los arranque.



Twitter: Owiruame

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