lunes, 19 de enero de 2026

seguimos escribiendo poesía

Han pasado años.
 Somos viejos
 (bueno, yo más que tú y que casi todos).
Y aun así
 nuestros cuerpos insisten.
 No piden permiso.
 No se disculpan.
Escriben poesía
 a deshoras
 en la madrugada
 o al medio día
 como quien bebe antes de las doce
 sabiendo que no debería
 pero igual lo hace.

Cuando mi mano entra en tu cabello
 y tú ya sabes
 (sin ensayos, ni poses, ni dudas)
 que viene un beso.
Cuando te busco
 no por costumbre
 sino por hambre.
 Cuando tu piel responde
 con la misma urgencia
 que hace años
 (y eso sí es un milagro
 aunque no creamos en ellos).

Seguimos escribiendo poesía
 en el abrazo que no presume,
 en los besos húmedos
 que no necesitan promesas,
 en las manos que se encuentran
 como si el mundo pudiera esperar cinco minutos más.

No respetamos la métrica.
 Ni la rima.
 Ni la edad.
Escribimos con errores,
 con aciertos raros,
 con cansancio,
 con risas breves,
 con silencios que ya no asustan.
Tú y yo
 (y nosotros, que es más difícil)
 seguimos escribiendo poesía
 porque entre tú y yo
 cada historia se siente nueva
 aunque sea la misma
 (sólo los que no aman creen que eso es repetirse).

Y a veces
 en la madrugada
 o al medio día
 me pierdo en tu sonrisa,
 en tus ojos,
 en esa llama que no grita
 pero no se apaga.
Entonces lo entiendo:
 no somos jóvenes,
 no somos perfectos,
 no somos eternos.
Pero seguimos escribiendo poesía.
 Y con eso
 alcanza.


Twitter: Owiruame

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