Han pasado años.
Somos viejos
(bueno, yo más que tú y que casi todos).
Y aun así
nuestros cuerpos insisten.
No piden permiso.
No se disculpan.
Escriben poesía
a deshoras
en la madrugada
o al medio día
como quien bebe antes de las doce
sabiendo que no debería
pero igual lo hace.
Cuando mi mano entra en tu cabello
y tú ya sabes
(sin ensayos, ni poses, ni dudas)
que viene un beso.
Cuando te busco
no por costumbre
sino por hambre.
Cuando tu piel responde
con la misma urgencia
que hace años
(y eso sí es un milagro
aunque no creamos en ellos).
Seguimos escribiendo poesía
en el abrazo que no presume,
en los besos húmedos
que no necesitan promesas,
en las manos que se encuentran
como si el mundo pudiera esperar cinco minutos más.
No respetamos la métrica.
Ni la rima.
Ni la edad.
Escribimos con errores,
con aciertos raros,
con cansancio,
con risas breves,
con silencios que ya no asustan.
Tú y yo
(y nosotros, que es más difícil)
seguimos escribiendo poesía
porque entre tú y yo
cada historia se siente nueva
aunque sea la misma
(sólo los que no aman creen que eso es repetirse).
Y a veces
en la madrugada
o al medio día
me pierdo en tu sonrisa,
en tus ojos,
en esa llama que no grita
pero no se apaga.
Entonces lo entiendo:
no somos jóvenes,
no somos perfectos,
no somos eternos.
Pero seguimos escribiendo poesía.
Y con eso
alcanza.
No hay comentarios. :
Publicar un comentario
Agradezco tu visita y comentarios!