— ¡Yo quiero ser musa todos los días!
— Debe ser cansado ser etérea e inalcanzable de tiempo completo.
Sonrió, bajó del altar, encendió un cigarro y se sentó a mi lado.
— No entendiste: también puedo ser musa de carne y rutina.
Esa tarde entendí: las musas no sólo inspiran desde lejos... Y la eternidad (también) cabe en el día a día.
No hay comentarios. :
Publicar un comentario
Agradezco tu visita y comentarios!