Soñar contigo ya es cosa seria,
pero abrazarte
(escribirlo en la piel y no sólo en mi cabeza)
es saber que hay pulso y frontera,
ensayo y riesgo,
cuerpo y hambre.
Mis brazos no son refugio,
son territorio abierto:
no idealizan no salvan,
apenas sostienen lo que decide no dormirse.
Y si cabes en mis sueños
(con tu curiosidad afilada,
esa forma tuya de mirar
y preguntar),
entonces cabes aquí,
donde el pulso no miente.
Cabes en mis sueños
porque no pides permiso:
entras como pregunta
(y te quedas como duda)
que no quiero resolver,
sólo seguir.
Cabes en mis brazos
porque el hambre es mucha
y la vida, corta.
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