Suena La flaca (no es nostalgia, es contexto).
Discuto con mi vecino sobre un concepto del diccionebrio mientras me llama millennial honorario (con mis 52 de esta semana).
En la recámara, mi amor ve una serie romántica que insistía en compartir (y me gustaba la idea, la protagonista, pero el ritmo no).
─ ¿Por qué los millennials odian los finales felices?─ pregunta mi reina de espadas. No es odio... (pienso) es alergia a la simpleza, a las historias fáciles. La vida es una herida abierta que deja de sangrar cuando morimos.
Una foto de la magia encarnada me llega a los mensajes directos (me encanta) y un par de reels enviados por mi crush de los sábados aparecen dejando ese rastro inútil de migajas que nadie sigue pero nadie borra.
Escribo desde el comedor. La vida es buena, con matices... pero sería mejor con ella aquí, dos vodkas encima y más historia.
Maldito Fireball: qué bien sabe (y qué adulto me he vuelto cuidando el azúcar).
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